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jueves, 6 de enero de 2011

Dia de reyes
 Amigos Nuevamente quiero contarles lo que me pasó el 9 de Enero del año pasado, de verdad aún despues de tanto tiempo me parece que fue un sueño...
 o mejor una gran pesadilla....

¡URGENTE!!, Para mis amigos grandes y pequeños
Simón Oliveira


Amigos se que esta historia les parecerá increíble, hoy es 9 de enero y son las 3 de la tarde, llevo días pensando en escribir esto, todavía me cuesta creer que esto sucedió y para colmo me pasó a mí, sé que no fue un sueño…pero…
Juzguen ustedes lo que les voy a contar…

Como a las 7 pm., del día 6, Tuve un fuerte encontronazo con mi pareja, la causa: adueñarnos cada uno de la televisión, resulta que ella quería ver su novela de las nueve y yo el Juego de pelota, de todas maneras ya estaba de antemano vencido y pensaba prender mi vetusta radio portátil para al menos escucharlo; pero gracias a Dios el canal considero que le era más rentable la transmisión del juego y luego pasar la telenovela.

Eran las 10:30 y disfrutando del último jonrón de los navegantes contra los bravos, el cual los llevaría al primer puesto; se sucede un gran ruido y la interrupción del bendito juego, inmediatamente cambie el canal buscando otro donde lo estuvieran pasando, pero no había señal, echando pestes, revise las conexiones a sabiendas que el problema estaba en la antena; muy, pero muy molesto (para no utilizar un lenguaje inapropiado) acompañado de la linterna, la escalera y la oscuridad, empecé, no sin miedo mi empinada travesía hacia la alturas.

Y que creen, del susto, casi me lanzó de cabeza hacia el suelo, sosteniéndome fuertemente del dintel, logré oír una voz suplicante de un malogrado cuerpo.

-Señor, señor ¡Ayúdeme!

Un tipo moreno con peinado afro, de poca barba había aterrizado ¡Rompiéndome mi costosa antena!; me acerque para auxiliarlo y me fije en su ropa… ¡Parecía haber salido de algún grupo de punk-rock!, sus pantalones: a media cintura, muy ajustados arriba terminaban en una gran bota-pata de elefante; el torso: sin camisa, cubierto con un pequeño chaleco, dejaba ver unos pectorales bien desarrollados y en el medio: una gigantesca medalla; como artífico: una gran capa; todo esta vestimenta estaba recubierta de satén, lentejuelas y escarcha que brillaban como luciérnagas en medio de aquella oscuridad.

El tipo era pesado y como pude logré bajarlo poco a poco, hubo un momento que me recordé de mi antena y volviéndome la rabia, pensé dejarlo caer, pero luego me dije “si se golpea y se muere, es capaz de no pagarme la antena”.

Al fin llegamos al piso con gran esfuerzo de mi parte, volviéndome más humano le pregunte si tenía algún dolor, si estaba herido, si necesitaba ir al hospital.

Y nuevamente lamenté ser “bocabierta” como dice mi mujer, el negrote me pidió que por favor lo ayudara a recuperar su moto que yacía en la vía.

Quiero explicarles que mi casa está construida en un terraplén en forma de escalones, quedando la calle en la parte alta y las habitaciones abajo.

Ya con rabia y cierto asco, lo sostuve por los sobacos y ayudándolo, logramos subir las interminables escaleras, al alcanzar la cima lo coloque con cuidado en la acera, mientras yo, el “bocabierta”, llegaba, con un fuerte dolor en la espalda (tengo varias hernias).

Me puse a buscar su moto por todos lados, hasta me acerque a unos chamos raros que siempre están tomando cervezas y otras cosas en la esquina y con cierta sorna me preguntaron “¡Tío! ¡Desde cuando anda usted en una moto grande?”, eso me hizo suponer que si en realidad dicha moto existió, ahora podía tener otro dueño.

Con temor, me regrese donde había dejado al tipo y le explique con cierta oculta satisfacción: “¡tu me rompiste mi antena y a ti te robaron tu moto! ¿Y así que hacemos?”, y con una mueca de dolor y angustia, me contestó:

-Oiga señor, discúlpeme, fue que tropecé con algún objeto y perdí la dirección, la moto no me importa y por lo de su antena no se mortifique, en la mañana le traeré otra mejor: pero ahora necesito que me  auxilie.
…Mire tengo un compromiso al que no puedo fallar, es una reunión muy importante y quedé con otros compañeros a encontrarnos en la entrada del Ávila, esa que está en “Cotiza”. Escúcheme uno viene de “Galipán” y el otro de San Antonio de los Altos, soy el que viene de más lejos, de “Caraballeda”.
Estoy seguro que deben estar esperándome muy preocupados…

Está bien amigo, le contesté, lo que sucede es que mi carrito, además de no estar muy bien, está encerrado en el estacionamiento de Jacinto y llegar a pedirle que me permita sacarlo es enfrentarse a un posible acuchillamiento de mentadas de madre.

Escúcheme moreno, llamemos a un taxi, aunque no creo que a estas horas se acerque por aquí, o… ya se ¡llame a sus amigos, que lo pasen buscando!

Alzando la voz preguntó: ¿Y cómo llamo?

Cálmese (pensé que también había perdido el celular), está bien, deme el número y yo me encargo de ello…

Y entre angustiado y molesto, alzo los brazos en sentido de no entender.

Un enorme volcán trataba de explosionar en mi cabeza, lo que me provocaba era dejar al bendito negro solo e irme a apaciguar a la fiera de mi mujer, que ya me imaginaba como estaría, sin novela y sin televisor.
Pero entre el temor a que los malandros de la esquina le hicieran algo al tipo y la seguridad que me sería imposible conciliar el sueño con la cuaima quejándose toda la noche, decidí enfrentarme al Sr. Jacinto y sacar el coche.

Toque con mucho cuidado el timbre del estacionamiento, era primera vez que lo utilizaba y de repente: un gran pito retumbo por todo el barrio, diantres me dije, ahora aguantar el chapuzón del viejo.
Una  luz mortecina y atemorizante fue acercándose hasta llegar justo a mi cara y contra a lo que esperaba. El viejo Jacinto, apartando su linterna, preguntó casi con dulzura:
-¿Que puedo hacer por usted señor Simón?
Un poco más tranquilo le explique lo poco explicable de la situación y este sin ningún asombro me abrió la puerta.
Al escuchar el chirrido de la reja, recordé que las llaves del vehículo se encontraban guindadas tras la puerta de mi casa; le conté lo que me pasaba y corriendo fui a buscar las dichosas llaves.

Al llegar a la casa, tuve suerte de que la puerta se había cerrado sin llave, tal vez fue el sigilo con que la abrí, el caso fue que la cuaima estaba roncando y fuertemente, me pareció extraño, era la primera vez que la escuchaba, ¡ah! y tantos líos que me ha formado, si hubiese tiempo que de gusto me daría reclamando, furibundo, el escándalo; con el mismo sigilo cerré, esta vez con llave y eche una carrera de vuelta al estacionamiento.

Pero, mala suerte, al llegar a la calle cuatro “chamos” de la esquina me estaban esperando, a uno lo conocía desde hace tiempo, los otros con pinta rara y con muy mal talante, era primera vez que los veía.
-¿Pa’donde va tan rápido Tío?
Y yo disimulando el temor, les explique que iba a buscar una medicina para mi mujer; Inmediatamente me arrepentí de lo dicho, ya que eso significaba que tenía dinero en el bolsillo, y este “bocabierta”, tartamudeando corrigió: “Voy a pedirle a un amigo que me preste para compara la medicina”.

Se miraron entre ellos. Yo temblaba, rezándole a todos los santos que conocía o había escuchado mencionar alguna vez; entonces el mayor de ellos se levantó la camisa, dejando ver un gigantesco revolver oscuro como la misma noche, me dije: “bueno Simón, hasta aquí llegaste”, la mano siguió un poco más atrás, se metió en el bolsillo, ¡Una Navaja! ya sentía el metal entrar lentamente en mi cuerpo, me voy a desmayar… pensé; de repente una voz me volvió al lugar: “¡Tenga tío!, váyase y que pases buenas noches” y allí me dejaron, …solo.

Antes de moverme, con la mano vacía me toque los pantalones por delante y por detrás, gracias mi dios, no ha pasado nada, y entonces vi mi otra mano todavía medio extendida; en su planta había un fajo de billetes…, quería desaparecer, pero seguí caminando despacio, cada pisada sonaba como un disparo por la espalda.

Me pareció un siglo llegar al estacionamiento, en la puerta me detuve un poco, respire profundo para tranquilizarme.

Mi carro para ponerse en marcha tiene un ritual, debo primero estar como 15 minutos chapaleteando la gasolina, luego esperar otros 15 minutos para que caliente y al final rezar para que rodando no se me apague y tener que repetir la misma faena. Pero anoche con solo darle vuelta al encendido, arrancó perfectamente.

Ya en el camino, no quise contarle al negro lo que me pasó y menos lo de los billetes que llevaba en el bolsillo, vaya uno a saber y este resulta peor que los cuatro malandros.
A pesar de no estar tan lejos (yo vivo en “Lídice”), manejaba con mucha calma y prudencia.

Al cabo rato el negro tosió fuertemente y un espeso olor a aguardiente inundo el interior del carro, tapándome la nariz le pregunté al tipo si había bebido, contestándome:
-Ese Sr Hyakinthos…
-” ¿El señor qué?”,  le pregunte asustado, pensando que la caída comenzaba a mostrar sus lesiones.
-Mira amigo, es su nombre en griego, y es parte de una leyenda antigua, por eso te iba a decir lo amable y dulce que fue el Sr. Jacinto, se parecía mucho al olor que lleva la flor de su nombre, por eso no podía negarme a compartir con él, media botella de genuino “Cocuy” larense, mientras te esperábamos.

Con lo que me dijo, bastó y sobró para entender que este mundo al menos esa noche, estaba loco.
Cuando llegamos a “Cotiza”, trataba de conseguir a un grupo de personas esperando al negro, de repente dos fuertes haces de luz rodearon al carro,…

Pensé inmediatamente ¡la policía!... que explicación le daría cuando me revisen y consigan en los bolsillos de un viejo una buena paca de billetes, le agregamos lo del negro, con el torso medio desnudo y con uniforme de reina nocturna, y para colmo sin siquiera saber su nombre…

Volví a ser yo cuando el negro, dándome las gracias, bajo del carro y abrazó a dos individuos vestidos como él, me sentí encandilado de tanto satén con lentejuelas, pero lo que me impresiono mas fueron las motos eran gigantescas, tal vez eran: BMW ,Ducati, o Harley no sé, pero eran hermosas. Todas plateadas que destellaban al movimiento de sus trajes.

El negro se montó de parrillero y despidiéndose con las manos en alto, sentí como si tres besos me rozaban la mejilla.

Retorne a mi hogar con mucha paz, era tan tarde que los malandros de la esquina ya no estaban, el carro lo deje en la calle, seguro de que no le pasaría nada, cuando coloque las llaves en su lugar, mi mujer, despierta, me hablo con inusitada ternura: “cariño, me tenias preocupada, gracias a Dios llegaste, ven vamos a dormir” y un beso fuerte y apasionado sello la voz hasta el otro día…

El día siete me desperté tarde y cuál fue mi sorpresa, la tele funcionaba, subí hasta el techo y me impresiono lo que vi: una esplendida y ultramoderna antena reemplazaba a la anterior.

Baje para comentarle lo de la antena a mi mujer, se puso a mover todos los canales y la recepción era nítida, me dijo “hoy vamos a ver películas, abajo las novelas”, trajo un DVD que no había visto, coloque el canal 3 y cuando metimos el disco salió una imagen hermosa que representaba a una tarjeta navideña y el texto que se iba formando decía:

“…Simón, soy Baltasar, el negro que anoche ayudaste, recibe mis agradecimientos eternos y un fuerte abrazo de mis hermanos: Gaspar y Melchor, siempre estaremos aquí junto a ti, presentes.
Te quieren
Los Tres Reyes Magos….
Envía este mensaje a diez amigos que te han ayudado….”

viernes, 24 de diciembre de 2010

Hoy es navidad (F.Maduro)

Obra: Los Abuelos
Autor:Francisco Maduro
Los Abuelos
Hoy es navidad

Tengo recuerdos intactos envueltos en mucha ternura, memorias de un lugar muy cálido, una casa grande pero sin lujos, que ahora en la distancia puedo definir como mi hogar de infancia, donde los días cercanos de diciembre se identificaban de manera propia, sin adornos, solo con una brisa fría que la abuela Inés llamaba “vientos de pascua.”  

De niño una vez le pregunté que eran los “vientos de pascua”, y  me explicó que en otros países caía nieve y aquellos vientos venían de muy lejos y en su paso por esos lugares se enfriaban hasta llegar aquí y cuando  recibíamos esa brisa en la cara,  todo ese largo camino recorrido era solo para anunciarnos  que se acercaba  el nacimiento del niño Dios.

El abuelo  me llevaba al centro a entregar los pedidos en los comercios donde colocaba sus artesanías y por supuesto a mi me llamaban la atención los  juguetes de aquellas vitrinas mas que los trompos, yoyos y perinolas que fabricaba el abuelo, solo después de mucho tiempo pude entender que los juguetes del viejo Pancho eran mucho mas valiosos que los que miraba en las tiendas.

Casi siempre los viernes compraba una paella que llevaba a casa y la abuela la repartía equitativamente, aunque todos sabíamos que la ración  mas grande era para el abuelo,  y ella ha debido saberlo por que nunca cocinaba cena ese día

Eran una pareja formidable,  él silbaba  llegando a casa y la abuela, antes de oírlo, lo presentía, sabía que estaba cerca sin que fuese puntual su llegada a casa, en ocasiones  solo ella escuchaba su silbido preparándose para recibirlo y en cuestión de segundos decía ¡llegó Pancho! , y era justo un momento antes que todos escucháramos su silbar entre los dientes; una vez no silbó pero la abuela lo presintió,  abrió la puerta y el abuelo estaba del otro lado con la llave en la mano. De la misma forma  sentía cuando algo malo le había pasado, no solo al abuelo, sino a cualquiera de los miembros de la familia.

Este fenómeno tan evidente nunca tuvo real importancia para nosotros, lo tomábamos como un hecho  natural de aquella mujer, o como algo propio de  la pareja pero sucedió tantas veces que hoy me convenzo que la abuela era un ser con capacidades paranormales

Toda mi curiosidad de niño se complacía con las respuestas  del viejo Pancho,  para todo le pedía una explicación y él  tomaba mi pregunta en serio y con detalles me informaba de todo,  era como tener una biblioteca en casa, sabía como funcionaban todas las cosas, las maquinarias, los  mecanismos de las fabricas,  las extrañas historias de los personajes que conoció en su vida, todo lo contaba en una conversación clara fluida y muy  gráfica de cada uno de los temas que referían mis preguntas, con una narrativa tan entretenida que mas tarde cuando llevaba mis novias a casa quedaban tan atentas a cada palabra del viejo que a mí solo me quedaba  llevarles, a ellas y al abuelo,  el café para la mesa mientras estas escuchaban sus historias.

 Compraba para los días de diciembre un jamón marca “ferry” que él mismo cocinaba toda la noche en una lata de manteca, este envase era el de  mayor capacidad que se tenía a la mano para la pierna completa, lo condimentaba y echaba una gran cantidad de azúcar que al hervir se adhería a la capa de grasa del jamón, y mas tarde mientras se  planchaba, esta iba dorándose  despidiendo ese olor tan característico que invita a los comensales.

Pero no era solo cocinarlo, el viejo Pancho hacía un ritual de aquello, se vestía y arreglaba con su traje nuevo, su blanca camisa, su corbata y su pañuelo  en el bolsillo del “paltó”; atravesaba la mesa del comedor y abría la puerta de casa de par en par de manera que  desde la calle se viera como con aquella gracia y elegancia planchaba su jamón.

 Desde afuera cada vecino saludaba y el viejo Pancho retornaba el saludo, pero algunos  lo extendían   haciendo una pausa en las puertas de nuestra casa y el abuelo los mandaba a pasar, los invitaba a que se sirvieran un trago de licor, cortaba con maestría alguna ración del jamón y se los servía en un plato y continuaba planchándolo, esto se repetía la noche del 31 de diciembre; sin embargo una vez pasaron a saludar tantos vecinos, que la abuela Inés le preguntó a Pancho, si esa noche quedaría algún pedazo para la cena de nosotros, entonces  para ese fin de año el abuelo compro dos jamones.

Y así como para muchos las gaitas, los aguinaldos, los pinos y el olor de la hallaca al abrirla les recuerda que es diciembre,  cuando el abuelo Pancho se acomodaba el nudo de la corbata y tomaba la plancha para dorar aquel jamón,  ese olor me anunciaba la pascua y yo podía decir con toda seguridad…. ¡Hoy es navidad!

Francisco Maduro

domingo, 5 de diciembre de 2010

Exposición 50 Años de la Escuela de Medicina Jose Maria Vargas

50 años de la escuela de medicina J.M.Vargas
En 1959, la Facultad de Medicina de la UCV, cede el local donde estaba el “Instituto Anatómico de San Lorenzo” ubicado en la parroquia de San José,  en la placita del mismo nombre, para  remodelarlo y realizar en él actividades docentes que anteriormente se realizaban en el Hospital Vargas.
 En noviembre de 1960 se realiza el primer curso de lo que sería luego  la Nueva “Escuela de Medicina José María Vargas”.
En 1961 es creada oficialmente y  comprendía las escuelas de medicina, que funcionaban en el Hospital Razetti y en el Vargas, así como las Escuelas de Bioanálisis y de Nutrición Dietética.
Este año, con motivo de celebrarse los cincuenta años de su creación, la Dra. Yubisay López, directora de esta Escuela, en compañía de la Dra., Ingrist Alemán profesora de Bioquímica, como coordinadora, y a los buenos oficios de Aníbal Isturdez, deciden realizar un concurso de pintura y dibujo con la participación de los alumnos de dicha Escuela, cuya temática estaría relacionada con cualquiera de las asignaturas o especialidades de la carrera de medicina.
Así mismo se invitó a la comunidad de Artistas Plásticos de la Parroquia San José y sus alrededores, para acompañar a los alumnos en esta Exposición.
Allí estuvieron representados artistas de gran trayectoria como: José Rodríguez, F, Pablo Pérez, Elvio Ramírez, Nelson Velis, Morella Ortiz, entre otros.
Y por nuestra escuela fueron invitados nuestros maestros: Francisco Maduro, Rafael Prim y Simón Oliveira.
Dentro de los premios otorgados a los ganadores, se incluyeron becas, para realizar los “Talleres de Pintura y Dibujo” en la Sala de Artes Visuales “Manuel S. Pérez.”
Los alumnos ganadores de dichas becas fueron:
Primer lugar: Br. Mata Nicola con la obra: “Nuestra vida, la medicina”.
Br. Néstor Trujillo con la obra: “Empilorar, es tarea de todos”.
Lic. Christian Rodríguez con la obra: “Dr. José María Vargas”.
Br. Fabiola Reyes, con la obra: “Asclepius”.
Br. Ana Mazza con la obra:”Vitalidad”.
Dra. Jeannegda Valverde, con la obra: “Dr. José María Vargas”.
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martes, 30 de noviembre de 2010

Pintura Sin Lienzos (Lydia Rodriguez) 24 de Octubre 2010

Lydia Rodriguez
El trabajo de Lydia pudiéramos decir que parte desde la propia emoción de su alma, en un despliegue de sentimientos que se materializa en creaciones que van más allá de algunas normas académicas. Esta particularidad permite apreciar en cada pincelada suya la expresión verdadera del artista, la narración de cada una de las piezas realizadas de acuerdo a su propia visión personal de la naturaleza. Los elementos plásticos están tratados con una libertad absoluta del color, aunque de igual manera se ubican dentro de una tendencia figurativa.


El impulso con el que Lydia deja constancia de sus sueños e inquietudes encarna la verdadera libertad del artista: un Ávila rosado, unos personajes sin rostros que, sin embargo, se toman de las manos haciendo una ronda en la playa, tres figuras confusas bajo un paraguas y otras imágenes íntimas como un control remoto y una lámpara, símbolos acaso de soledad de la noche, pero que dejan ver la percepción que esta creadora tiene de la cotidianidad; considerando que todo son motivos para llevarlos al lienzo.


Esta artista que de manera inesperada nos lleva a transitar por su mundo de emociones, nos obliga a través de sus obras a mirar a nuestro alrededor y a darnos cuenta que para ella cualquier cosa es un motivo para pintar. Que sólo basta mirar y dejarse llevar por la inevitable razón de expresarse para dejar el alma en la tela y volver obras de arte cualquiera de las imágenes de nuestro entorno, y así como abarca los espacios del formato, nos conduce también a entender de manera personal su propia visión de la realidad. Plena de libertad y alegrías.

Francisco Maduro
Mención Honorífica Salón EDELCA
Primer Premio Salón Anual C.I.V
Agosto de 2010
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viernes, 26 de noviembre de 2010

Rincones del Alma (Kenia Vizcaya)

El día 6 de noviembre  nos fue muy grato ver las obras de una hermosa mujer, (ayer alumna de nuestra escuela, hoy amiga y compañera de labores) “guindadas” en unos módulos colocados en la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela.
Formaban parte de su primera exposición individual

"Kenia… Palabra misteriosa que nos traslada hasta las intrincadas selvas africanas…
 Kenia… Hermoso nombre que nos lleva, en esta ocasión a descubrir, en partes multicolores, los rincones de su alma.
 En su presentación nos habla de “hogar” sinónimo de Alma y que como todo hábitat se construye a fuerza de tesón, estudio, mucho esfuerzo, salpicado todo esto con amor hacia lo que se hace.
 En esta su primera individual, observamos (y gracias a su juventud) una variedad de “momentos creativos” donde se mesclan…
 A veces la placidez cristalina de una copa por llenar, en otras: paisajes surrealistas de caleidoscópica visón que nos muestra
 La preocupada búsqueda en encontrar su propio camino.
 Entonces sentimos la fuerza  de un mar, estrellándose sobre un trozo de lienzo, o quizás la intención de ser la partícula primigenia del universo.
 En fin, todo un recorrido que nos permite ver los diferentes estadíos de un alma sensible."

 Simón Oliveira

RINCONES DEL ALMA

Un hogar es el centro de nuestros afectos, alrededor del cual se tejen los mejores deseos  y esperanzas. El hogar es el lugar en el que todos sentimos refugio, seguridad  y calma, es el lugar al que todos queremos llegar.

Mi hogar es un planeta hermoso, creado por Dios, ordenado por Dios, agitado por Dios. Tan pequeño algunos días que cabe en el refugio de una mano amiga otros, tan grande que cada sueño no basta para iluminar su inmensidad.

Mi alma transita diariamente por cada uno de los rincones de ese, mi hogar; construyendo un universo personal, en el que se conjugan mis afectos, mis valores y mis creencias para entrar en interacción con los demás.

Hoy, los invito a transitar por la morada de mi alma, en la que cada obra, cada hueco, cada habitación, cada corredor, es una expresión única, construida con risas, lagrimas y esperanzas de momentos vividos que dejaron su huella en mí.

Al acceder, encontraran un jardín en el que están presentes los Cuatro Elementos: Tierra, Agua, Fuego y Aire.

Una puerta traída desde la Morada de los Dioses les permite entrar a una habitación en la que puedo sentarme a ver A través del Cristal, una sala de estar en la que puedo reflexionar y comprender que La Renuncia a veces es el camino para llegar a Una Montaña de Sueños.
Sí se adentran aún mas en mi hogar llegaran a la intimidad de mi dormitorio… el espacio en el que me permito soñar, llenar y vaciar mi Copa de Vida, para que siga creciendo y colmándose de experiencias.

Kenia Vizcaya.

Ver Fotos en:

martes, 23 de noviembre de 2010

Montando la exposición
El Montaje…
Si llevar acabo nuestra primera exposición se vuelve una situación estresante, el montaje se convierte en una isla de alegrías; normalmente vien los amigos mas cercanos y uno que otro familiar  a “ayudarnos”…  cada uno explicándonos, en medio de una discusión filosófica,  como debe ser el orden de colocación de las obras, la estimación de la altura, los centímetros de separación, por donde debe ir la  alineación, cuales son las piezas que deben estar colocadas mas cercanas a la entrada, que las fichas técnicas queden a la altura apropiada, en fin  todos quieren meter la mano…

...y son muchos los que se llevan mas de un martillazo en los dedos.
Agreguemos a esto, el compartir un buen vino viejo, que alguno se trajo de la bodega de su casa (o de la licorería de su barrio).
Después de varias horas y cuando se van marchando nuestros “panas”, nos toca la limpieza del local, nos da la impresión que a muy pocos les gusta esta parte, en fin armados por escoba, palas, coletos y agua, nos dedicamos con esmero a dejar el local como “tacita de plata”.
Cuando terminamos la limpieza, ya son las diez de la noche, pero orgullosos todavía nos damos como sopotocientas vueltas admirando nuestros trabajos “guindados” en las paredes…
Y rogando a Dios que mañana,  la crítica sea benevolente… ante nuestra osadía de creernos artistas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LA PRIMERA VEZ

La Primera Vez

Cuando el artista expone sus obras en “colectivas”, lo hace con regocijo y a veces con desenfado…al fin y al cabo es como otra reunión de amigos, donde nos “juntamos” a darnos ánimos, piropear o criticar el trabajo de los demás, compartir los pasapalos, el vino y la alegría; en fin hay tantas obras y tantos estilos que muchas veces creemos que la nuestra pasa desapercibida.

Pero cuando se nos ocurre lanzarnos a presentar nuestra primera “individual” (bien sea por incitación de los demás o por que consideramos que ya estamos preparados…), el mundo se nos viene encima; debemos “parir” tiempo para, entre otras cosas:

Buscar el local… y acondicionarlo de forma que parezca una sala de exposiciones, escoger las piezas que mas nos gustan (y que casi siempre por la “ayuda y orientación” de nuestros amigos… terminamos colocando otras), poner y cambiar mas de cien veces el valor de las obras, mandar a montarlas, diseñar nuestro catálogo, las invitaciones, el mesonero, mandar mensajes a la prensa, el brindis, los aperitivos…

… y eso sin perder un día de nuestro empleo normal, ya que al fin y al cabo es nuestro único ingreso económico…

Y luego llegado el día de la inauguración, pegarnos a todos los santos para que haga buen tiempo, no se les ocurra a los “contrarios” hacer una marcha en contra “de…”; no sucedan apagones, ni paros y sobre todo que vengan nuestros amigos… para darnos ánimos.

Esto es para el artista: su bautismo, su primera comunión, es su fiesta de graduación… que casi siempre termina, luego de estar por horas de pie, sonriéndole a todos, dando mil explicaciones sobre tus obras, con jaqueca, con dolor en las manos y las piernas… y ya cuando solo quedan los amigos… a demás de escucharles todas sus opiniones, pedirle al mesonero: “amigo sírvame una copa…”

En estos días hemos sido testigos de dos (primeras) exposiciones individuales, pertenecientes a sendas hermosas mujeres: ayer: alumnas de nuestra escuela y hoy excelentes compañeras de labores.

Ver “guindadas” las obras de estas talentosas artistas, fue de verdad muy agradable y emocionante…

La primera: Lydia Rodríguez con “Pinturas sin lienzos”, el día 24 de octubre en la Sala de Artes Visuales “Manuel S. Pérez”

La segunda: Kenia Vizcaya con “Rincones del Alma”, el día 6 de noviembre, en la Escuela de Educación  UCV.

Esto es una razón más de estar orgullosos de nuestros
 alumnos…